martes 5 de agosto de 2008

Seguirán inhabilitados...y ¿ahora qué?

Y pasó lo anunciado…el TSJ…que no hace justicia, no es supremo por cuanto tiene jefe en Chavez y por tanto es solo tribunal a medias, ha declarado la constitucionalidad del artículo 105 de la ley de contraloría, artículo que permite a un esbirro encorbatado del régimen inhabilitar a quien se le venga en gana (más bien a quien se le venga en gana a Chavez).

En este país no existe la pirámide de Kelsen, la constitución es violentada por el gobierno, sus leyes, sus decretos y sus acciones una y otra vez, pero es aun más indigno cuando quienes debieran impartir justicia se ponen del lado de las violaciones, para ellos no son violaciones…vendrían a ser seducciones a la constitución.

En mi escrito pasado hablaba de la trampa que le tiende el gobierno a los demócratas venezolanos, y daba por descontadas las inhabilitaciones, pero no puedo negar que saber que el TSJ avale vagabunderías de este tipo, hace que nuestro corazón se hinche de ira y desencanto. Y así volvemos al tema ¿Qué hacer? En las páginas de la oposición informática se llama al paro, en los artículos del joven Goicoechea (de quien esperábamos más irreverencia) se llama a la calma, en las voces de los anquilosados partidos se anuncian compromisos pactados en algunos estados, en las declaraciones de los abogados de los inhabilitados se habla de otros recursos ¡que esperanzas!, mientras tanto el venezolano movilizado políticamente busca una respuesta y el venezolano no movilizado (a quien alguien sin mucho tino llamó ni-ni) se queda en su casa pensando si esto tiene que ver con los hechos cotidianos: el robo en la buseta, la cola en el centro de “escoja usted la ciudad”, la escasez de algunas cosas, la carestía en otras, los niños muertos en el hospital de Barquisimeto…como convencer a ese venezolano, de que si tiene que ver, que la democracia, las leyes, la institucionalidad, el estado de derecho, los derechos humanos, no son cascarones vacíos, por el contrario son la base para luchar contra el malandro que asaltó la buseta, para diseñar un sistema de transporte y una vialidad viable, alcanzar la productividad y la integración con el comercio internacional, hacer funcionar los hospitales públicos, como decirle a Yon Maikol (antes Juan Bimba) que la revolución no solo es un engaño, también es una trampa de la que debe luchar para salir.

Calle o voto…calle + voto, o ni calle ni voto (¿y entonces qué?), Venezuela sigue en su camino al abismo, lento pero seguro…mientras Hugo teme por su vida en las calles envalentonadas de los amigos bolivianos.